El Miedo acosador, acompaña en esa
travesía, en ese viaje hacia lo desconocido, en definitiva hacia uno mismo.
Permitirse tener miedos, temores, ansiedades, nos ayuda a recibirlos de otra
manera cuando llegan a nuestra vida; no te atrapan, simplemente es una parte
más de uno mismo. Ese será el objetivo de la terapia.
La patología surge cuando yo no puedo
Vivir con mi nivel de ansiedad, cuando mis objetivos me desbordan, cuando el
futuro me controla. Si desde donde estoy hago lo que puedo, irán bien las
cosas. Cuando estamos fuera de nuestro cuerpo, fuera de nuestro tiempo, la
ansiedad se convierte en patológica (no soy yo, yo quiero ser yo, no quiero
estar donde estoy...).
Cuanto
más libres y abiertos estemos, mejor asimilaremos las cosas buenas que nos
ofrece la Terapia, podremos dar otras respuestas. Por eso es importante
dónde nos encontramos ahora, saberlo; de esta manera podemos diferenciar el
discurso Pragmático (lo que me obligan a hacer desde fuera) del discurso
Cognitivo (desde dentro de mí). A veces hay que partir de lo pragmático para
llegar a lo cognitivo.
Se hace necesario exteriorizar los
sentimientos, el miedo, la angustia, de una manera u otra, así la persona
puede ir conociéndolos para aprender a estar con ellos desde el respeto y la
comprensión.
La ansiedad, vivida como crisis, como
una crisis profunda desde la cual pueden darse los cambios: todo se ha
desestabilizado y desde la Terapia, podremos volver a reestructurarlo,
volver a nacer a un nuevo Yo que se respeta, que se escucha, que se ama.