Durante la infancia, el niño mitifica a sus padres:
son seres que todo lo hacen bien, nunca se equivocan, y les parecen los
mejores del mundo; al llegar a la adolescencia, empiezan a descubrir
defectos e incoherencias, produciéndose la toma de conciencia de la
necesidad de rebelarse frente a unos progenitores que han dejado de ser
perfectos.
Una de
las cosas que más sorprende y a menudo molesta a los padres, es que su hijo
adolescente ya no les cuenta nada o muy poco sobre su vida,
observan que se encierra en su mundo personal y sus amigos, saliendo sólo
cuando a él le apetece. Si el adulto decide insistir, puede provocar
muchas veces en el joven, un mayor retraimiento.
El adolescente está hambriento de vivir sus propias
experiencias y llegar a sus propias conclusiones. Necesita enfrentarse a
las normas y creencias paternas para poder formarse una opinión propia.
Necesitará equivocarse para poder adquirir experiencia. Los consejos
ayudan en el proceso de maduración psicológica y en la estructuración de
valores éticos del joven, pero resulta indiscutible que su valor estará
directamente relacionado con el grado de aceptación y tolerancia que el
adolescente percibe en la actitud de sus padres.
El conflicto entre el sentimiento de independencia
y la necesidad de dependencia es uno de los desafíos que ha de librar
con sus padres, pero quizá más consigo mismo. Por una parte se siente
demasiado controlado (normas, horarios) pero por otra no se siente
capaz de independizarse, pues el proceso de autoafirmación le produce un
sentimiento de inseguridad y un temor a equivocarse.
Necesitará recibir críticas y restricciones a sus peticiones y
comportamientos,
demandarle un respeto hacia las ideas y decisiones, de esta manera podrá
desarrollar su capacidad para contestarlas y a través de la contestación,
encontrarse a sí mismo.
El adolescente sufre un sentimiento de
incomprensión respecto a los demás, que radica en una incomprensión
respecto a sí mismo.
No
importa que las normas en el hogar sean rígidas o flexibles, el adolescente
necesita romper con ellas y rechazar todas las proposiciones previas. Los intereses de padres e
hijos van cambiando y se van diferenciando cada vez más a lo largo del
tiempo; este distanciamiento les proporciona un protagonismo y una manera de
establecer su propia identidad.
RECOMENDACIONES:
El hogar como un lugar en el que las ideas se expresen
de forma clara y natural, porque se tiene la seguridad de que serán
respetadas.
Una actitud por parte de los padres poco invasiva y
ansiosa, permite una mayor comunicación y permeabilidad afectiva.
Tener claro que la amistad y la paternidad son dos
conceptos diferentes, suficientemente importantes por sí mismos.
Una actitud positiva es la de los padres que
admiten la evolución de su hijo.
Una conversación aplazada para un momento más favorable
puede cambiar totalmente la situación.
Aprender
a respetar los estados de humor cambiante y evitar que las discusiones se
conviertan en batallas, puesto que a veces la agresividad está a flor de
piel y es fácil buscar culpables, fuera de uno mismo, de las cosas que no se
comprenden.
El mantenimiento de la normativa familiar es
necesario para el hijo, pues a pesar de desear romperla, cuando llegan
momentos de crisis, necesita tener la posibilidad de acogerse de nuevo a los
patrones de actuación familiar que le proporcionarán unos puntos de
referencia seguros.
Los padres tendrían que hablar con mayor claridad
sobre los temas que les preocupan y no buscar excusas.
La familia tiene que saber mantener sus costumbres para
no terminar siendo víctima de los caprichos de su hijo.