La misma energía que uso para
pelearme con mi pareja es la que necesito para descubrir qué me pasa a mí.
A veces me pregunto si muchas
dificultades que tienen las parejas no estarán, en última instancia, ligadas
a la no aceptación de la diferencia de miradas entre el hombre y la mujer.
Uno no puede dejar de
preguntarse (…) ¿Cómo se armonizan dos personas que viven en mundos
diferentes? ¿Cómo se puede comunicar un hombre y una mujer si están en
diferentes frecuencias?
Respuesta: sólo si pueden
abandonar la idea de que hay un único punto de vista.
Es nefasto creer que el mío es
el único lugar de análisis, aunque es peor aún dejarme convencer de que tú
estás en el lugar de la mirada privilegiada. Es imprescindible incorporar
las dos maneras de estar en el mundo para llegar a la integración con el
otro y con uno mismo.
Respeto mi identidad y mi forma
de ser en el mundo y, a partir de ahí, doy y reclamo respeto. (…)
El problema de la relación de
pareja es que, si no tengo la flexibilidad para pasar de un nivel de
conciencia a otro, cuando estoy instalado en un rígido punto de vista tiendo
a rechazar a mi compañero, que piensa desde otras perspectivas.
Si me lanzo a la aventura de
entender su manera de pensar, incorporo cosas nuevas pero sobre todo le
incorporo a él.
El desafío de la pareja pasa
por abrirse a una forma diferente de estar en el mundo: la del otro o la de
la otra e integrarla en uno mismo.
Abrirse a un pensamiento nuevo,
a una manera diferente de enfrentarse a la vida.
El amor empieza cuando descubro
DE VERDAD al otro. Ya no es una idea de lo que debería ser, sino alguien
nuevo que me sorprende con su originalidad.
Allí empieza el amor: con la
sorpresa, el descubrimiento…
En cambio, si solamente intento
hacer encajar al otro en mis viejas ideas, no ocurre nada. Por lo menos nada
“amoroso”.
Abrirse al amor es abrirse a lo
nuevo…
Amar es abrirse a la realidad.”