Los estudios evolutivos de la atención se
dividen en dos ciclos: los dos primeros años y la niñez, que comprende hasta
la adolescencia. A partir de los cuatro años, se estudian aspectos de la
atención como la atención selectiva, la atención dividida y sostenida.
Existen diferencias en el rendimiento de tareas atencionales en los niños,
según su edad, aunque aún no se conoce en qué momento se dan cambios
importantes, cómo se producen y a qué se deben.
A partir de los dos años el niño va
desarrollando un mayor control atencional y el factor novedad ya no es el
principal determinante de la atención –como lo era hasta esa edad-. El
control va aumentando más así como la reflexividad; se hace especialmente
evidente a partir de los seis o siete años.
A mayor edad, los estímulos que pueden
distraer, son más ignorados. Se considera que hasta siete minutos puede
atender un niño de dos años; a los cinco años esta habilidad se duplica; y
las tareas de vigilancia mejoran alrededor de los ocho o nueve años.