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Todos estamos constituidos con polaridades. Tenemos aspectos masculinos y femeninos, activos y pasivos, débiles y fuertes.

La confusión que se produce habitualmente es creer que mi pareja es la causa de mi conflicto, sin darme cuenta de que es un conflicto interno entre dos aspectos polares que vengo acarreando, sin hacerlo consciente.

La misma energía que uso para pelearme con mi pareja es la que necesito para descubrir qué me pasa a mí.

A veces me pregunto si muchas dificultades que tienen las parejas no estarán, en última instancia, ligadas a la no aceptación de la diferencia de miradas entre el hombre y la mujer.

Uno no puede dejar de preguntarse (…) ¿Cómo se armonizan dos personas que viven en mundos diferentes? ¿Cómo se puede comunicar un hombre y una mujer si están en diferentes frecuencias?

Respuesta: sólo si pueden abandonar la idea de que hay un único punto de vista.

Es nefasto creer que el mío es el único lugar de análisis, aunque es peor aún dejarme convencer de que tú estás en el lugar de la mirada privilegiada. Es imprescindible incorporar las dos maneras de estar en el mundo para llegar a la integración con el otro y con uno mismo.

Respeto mi identidad y mi forma de ser en el mundo y, a partir de ahí, doy y reclamo respeto. (…)

El problema de la relación de pareja es que, si no tengo la flexibilidad para pasar de un nivel de conciencia a otro, cuando estoy instalado en un rígido punto de vista tiendo a rechazar a mi compañero, que piensa desde otras perspectivas.

Si me lanzo a la aventura de entender su manera de pensar, incorporo cosas nuevas pero sobre todo le incorporo a él.

El desafío de la pareja pasa por abrirse a una forma diferente de estar en el mundo: la del otro o la de la otra e integrarla en uno mismo.

Abrirse a un pensamiento nuevo, a una manera diferente de enfrentarse a la vida.

El amor empieza cuando descubro DE VERDAD al otro. Ya no es una idea de lo que debería ser, sino alguien nuevo que me sorprende con su originalidad.

Allí empieza el amor: con la sorpresa, el descubrimiento…

En cambio, si solamente intento hacer encajar al otro en mis viejas ideas, no ocurre nada. Por lo menos nada “amoroso”.

Abrirse al amor es abrirse a lo nuevo…

Amar es abrirse a la realidad.”

Extracto del libro de Jorge Bucal, “Amarse con los ojos abiertos”. Barcelona, 2.003.