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Lee, escucha y cuenta cuentos. Nos libran de la tiranía del
intelecto. Aunque sea por un ratito, dejamos de depender de este cerebro
maquinador y lógico. Los cuentos nos conectan con las emociones, con los
sentimientos, con nuestro lado más espiritual. Los cuentos nos ayudan a
perder las urgencias, a ver que la felicidad es un proceso interior.
y
Disfruta de los pequeños placeres. Mucho
más importante que el placer es la serenidad; lo que nos satisface,
entendido como una carrera feroz para disfrutar, no es placentero.
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Aprende a no hacer nada. Es un largo
trabajo. A mí me costó mucho tiempo dejar de pensar que si no hacía nada es
que estaba perdiendo el tiempo. A veces, no hacer nada es simplemente
sentarte y deshacerte de las ideas que te dicen que deberías hacer otra
cosa.
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Encuentra tu ritual para sentirte mejor.
Cada uno tiene el suyo propio. Yo tomo mate, pero lo mejor es levantarse
cada mañana y agradecer que estás vivo.
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Aprende a comunicarte. Para tener una
buena comunicación sólo hay que desearla. Hasta que no nos damos cuenta de
lo importante que es escuchar y ser escuchado, lo único que tenemos es una
falsa sensación de comunicación.
}
Escúchate mejor. Cuando uno sufre, sabe
perfectamente cuál es la razón. Nadie se conoce mejor que uno mismo.
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Intenta cambiar cosas pequeñas. Dejar de
pensar en términos maximalistas funciona.