El maltrato
psicológico utiliza como vehículo el lenguaje,
la palabra principalmente, pero también el lenguaje de los
gestos y determinados comportamientos no violentos pero si molestos.
Para ilustrar imaginemos que una persona recibe un premio y su cónyuge
decide no acompañarla con el fin básico de molestarla y porque sabe lo que
representa para ella.
Algunos maestros
en el arte de la manipulación psicológica manejan un lenguaje
ambivalente, por ejemplo a nivel verbal son corteses pero a nivel
corporal y no verbal muestran rechazo, distanciamiento o disgusto ante la
presencia de la víctima. La persona agredida puede tardar en captar qué
es lo que está pasando y por qué se siente incómoda.
Todos sabemos lo
que representa un ¿cariño? en un tono poco afectivo.
Las secuelas en la víctima de la violencia psicológica pueden ser
tanto psicológicas como físicas. Una víctima puede sufrir serias
enfermedades debidas a la somatización por estrés continuo en que se
ha visto sometida, como por ejemplo úlceras, es decir el sistema
inmunológico se debilita.
En el maltrato
la consecuencia inmediata es una autoestima baja que ha de repararse
mediante el apoyo psicológico y la comprensión del entorno, principalmente
amistades, familia y compañeros, recuperando la sensación de competencia
que antes ha sido anulada por la presión del agresor o agresora.
[…]
El maltrato
psicológico como proceso puede durar años y haberse iniciado de una
forma casi imperceptible, simplemente con una atención excesiva
y cierta sobreprotección, que va asfixiando toda posibilidad de
relación de la persona con su entorno.