Niega tu personalidad. Tu vida, pensamientos y sentimientos no
existen. No tienen
cabida en la relación. Son de mal gusto. Los suyos no. Va dejando caer sutil
o directamente tu escasa valía, tu ingenuidad y poca inteligencia, y
capacidad para desenvolverte. Nunca con tales palabras. Solo aseveraciones e
interrupciones. Incluso sugerencias envenenadas. A su lado pierdes todo.
Sólo él “brilla”. Tú y los tuyos sois restos de feria. De segunda y
tercera categoría. [….]
Su calor pende de un hilo muy frágil que en cualquier momento te puedes
“cargar” si das un paso en falso. El ambiente se carga de tensión y
angustia. Tus movimientos se limitan, tienes miedo a equivocarte en
cualquier cosa, en no gustarle u ofenderle. Y la ansiedad te invade.
Nunca estás relajada, nunca estás cómoda en su presencia, nunca más eres
tú. No sabes con exactitud por qué, pero estás nerviosa día y noche. No
puedes ni comer. ¿Fallaré hoy?
[….]
Te niega su apoyo. Nunca tajantemente, pero te das contra un muro. Bajo
apariencia de despreocupación, de relatividad de las cosas y de insultante
frivolidad, él no está, no lo encuentras. Se esconde. Porque tu vida
tiene que girar en torno a él y sólo a él. Tu vida no debería tener
sentido si no es con él. [….]
Siempre está por encima. Cuando te ha negado como pareja, como
compañera y ha bombardeado sistemáticamente tu autoestima [….]
Monta el espectáculo. Tiene al actor principal, el decorado y
multitud de desencuentros y vejaciones que han colmado tu paciencia. Nunca
es directo. Nunca reconoce un error o un daño, porque él nunca se
equivoca. Nunca palabras subidas de tono que le descubran, si te enfadas
la culpable también eres tú. ¿La excusa? Cualquiera. Provoca que seas tú
quien de el paso, una vez más la culpable. Cualquier motivo sirve: hablar
claramente (cosa que él siempre evita), robarle protagonismo ante los demás
(ante SU público) o simplemente ser mejor que él aunque sea sin quererlo.
[….]