Focalizamos la atención de los niños más sobre la
conducta positiva que sobre la negativa.
Tenemos normas establecidas, son
pocas, pero
claras y consensuadas con los
niños. Las consecuencias de sus transgresiones las conocen.
Recordamos
con frecuencia las consecuencias de
nuestros actos.
La terapeuta lleva la sesión de forma firme, pero agradable y amena.
Nos anticipamos a las conductas
que pueden empeorar usando señales (comunicación no verbal), o humor
sutil para corregir.
Realizamos preguntas para asegurar la conducta deseable.
No tememos expresar lo que queremos o sentimos.
Usamos variedad
de estilos y métodos para conseguir mayor implicación de los
niños.
Si en cualquier momento sucede algún acontecimiento que se suponga
estresante para el niño o que pueda condicionar su conducta, los padres
informarán de él a la terapeuta para poder trabajar ese aspecto.
La asistencia semanal es FUNDAMENTAL para un buen aprovechamiento de la
terapia.
El compromiso con los padres es IMPRESCINDIBLE para un buen desarrollo
del trabajo que se realiza.